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domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo VII


En variados colores boreales se difulca la mirada en abismos espasmosos, rubios, rojizos primaverales, psicodélicos o como espeluznantes manchas en el cielo. La nube blanca perpleja me ha quedado mirando y tiene ganas de darme la bienvenida con un rayo completamente cargado de saludos estridentes.
La noche o el día me han pedido que continúe caminando que, aun no he visto nada o no lo suficiente para que asesine mi percepción anterior y salga a luz una nueva. Como quien apuñala a una persona para salvarse e ir al cielo en nubes blancas, es como se está desgarrando mi mirada ante este mundo, este nuevo mundo.

Capítulo VI


En dos segundos el dragón del cielo descendió en forma de rayo que al chocarse al suelo, desaparece conmigo. En dos segundos más el mundo brilla en un túnel psicodélico en tonos rojos y amarillos, al acabar este cambio de lugar en tan corto tiempo, me encuentro en otro mundo totalmente diferente.
Me asusta un poco este sitio, cielo desatado en negro con nubes blancas y un sol que recitaba auroras boreales en todos sus rayos a lo largo de este lugar son los elementos que encuentro. Confundido empiezo a ver el entorno pero no logro divisar nada, es cuando miro mi pecho un tanto sedado por el viaje, que las dos serpientes están recorriendo en un ciclo infinito todo mi contorno plasmático lumínico.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Capítulo V

Arrullado entre tanta natura, aparece un ser dorado, un ser que se acerca e irradia pasos luminosos en forma de ondas de agua lentas pero constantes. En su  cuerpo trae bellas serpientes blancas que ahora distingo, pasan y recorren su cuerpo, una con ojos penetrantes celestes, y la otra serpiente trae ojos verdes claros.
De pronto mientras entodavia distinguía el ser que venía hacia mi, se detiene y estira sus brazos y se arrodilla, yo solo admiro y dejo mi comprensión de lado. Instintivamente estiro mis manos y cuando iba a tocar este ser dorado las dos serpientes salen directas ante mí recorriendo y apretándome dejándome inmóvil. Para cuando me di cuenta los colmillos de las serpientes quedan prendados en mi cuello haciendo que estas se desvanezcan progresivamente desde la cola hasta hundirse en mi cuerpo,
Inmóvil y viendo al ser dorado observo que una fosa se abre en su presumible cara la cual expide una serpiente que mientras sale, sus pies desaparecen dejando en un minuto un cuerpo tubular que empieza a volar hacia este cielo, que es verde con nubes rojas oscuras.
Mi cuerpo empieza a dejar su color transparente mientras las serpientes empiezan a dar vueltas en mi pecho tratando de morderse la cola, dejando en mí un remolino que expide miles de chispas que salen y a la vez me recorren.
Al momento que doy un paso un rayo del cielo cae y abruptamente se convierte en un dragón que me come y se estampa contra el suelo. 

Capítulo IV


Enterrado al agua me desplomo al suelo dejando la góndola navegando en un supraterreno externo de este suelo, mis pies vuelven a ver el camino y se guían solos hasta que mi vista deje estar y se convierta en una nube blanca llena de agresivas y a la vez suaves ondas expansivas que llueven purificación y despojo.
Mis pupilas ya no dilatan, ahora la luz sobra y no necesitan expandirse. Mi color de ojos era café, pero ahora se han convertido en flamas de un amarillo pálido casi blanquecino.
Mientras mis pies perciben, huelen, miran y degustan el suelo, camino tranquilamente viendo la fauna y flora que todos descuidamos. Flores hermosas las cuales te ven y te analizan, árboles que no dejan de conversar con el viento ni tampoco se dejan de mover. Agua, tierra, fuego, aire que al juntar sus cargas juegan y se convierten en una de sus expresiones combinadas para divertirse en forma de animales, personas e insectos. Todo un mundo diverso que he olvidado al vivir en un invento del hombre mal llamado vida, pero me llama pues yo soy parte de él y en su mundo navego.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Capitulo III


En dos segundos las puertas se abrieron al paladar de lo incomprensible, tantas puertas que no son más que ojos que miran y atraen todo lo que pueden ver. Tantas puertas, tantas líneas.
Envuelto al viaje de la góndola el viento empieza a transcurrir para mecer como hojas la vela que se encuentra medio extendida. El agua celeste y el cielo negro navegan con una vista diferente en cada tramo, a cada instante.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Capítulo II



Colores enfrascados en un dulce aroma a canela que invade el ambiente. En colores como aromas me encuentro sintiendo un poco la vida. Se cuela un rato en el cielo haciéndolo como posada de su mente, aunque estando en el suelo es lo mismo. Las espinas al ascender al cielo me están perforando mi cuerpo, pero de qué manera tan liberante que es esta constante muerte que termina cundo mis llagas al viento abran por completo mi alma y me desvanezca junto al aire hasta que pueda volver en mi siguiente expresión. Al cielo rumbo al suelo, la tierra y el mar vuelven a ser lo que son, nada más que su misma esencia. 

Vida del Alma

Parte I Góndolas

Capítulo I
Acercando suavemente, miles de ondas se forman como interminables serpientes blancas que muerden su cola al ritmo que, el remo impulsa a una góndola semivieja seminueva. Impreso, interminable e inmutable momento que se guarda y se elimina a cada segundo, a cada paso, respirar y pestañear.
Palpita el canal esta vez sin un rumbo y sin los remos. El agua traslada por donde ella decida a la materia que se encuentra en ella, pero verdaderamente al que verdaderamente traslada es al alma que se encuentra dentro semimuerta y no muy viva.
Serpentean, ondean, psicosean y vuelan las cosas que se encuentran en otra dimensión para los ojos del alma mientras que el color del mundo cambio para mostrarse tal como es, sin grises y sin problemas.