El despertar, volviendo vernos latir. De volar, con nuestras
danzantes manos. Tu, las notas más bajas, yo las agudas, ambos en armonía de
música y de vidas.
Me entumece la fuerza del río, tan fuerte, tan calma,
constante, fría y caliente. Ver subir la marea empapando la arena, retumba en
mi corazón y en mi sangre. Por arder en el fuego de tu alma, onda de misterios,
me cuelo en el celo de tenerte, me cuelo en la herida del placer, y me desvelo
en el viaje de tu sonrisa al mimarte.
Has oído hablar mi nombre? A qué sabe?, el fruto de la
ocasión. A qué sabe? el néctar de nuestro momento. De correrme en tus arenas, saltaría
hasta el último palpitar de tu sombra. De correrme en tus manos, flores
saldrían por cada paso dado.
Es mejor que vuelvas y te vayas. Es mejor que vueles y
traspases el mar, el espacio, el aire y la tierra con toda tu esencia
transformadora de mujer, de creación, de sutileza. No busques, o encuentres, ni
razones, solo mira los ojos y cuéntame. qué sientes?, en dónde se ha perdido tu
mirada? y qué ha encontrado?. No busques, no mires, no sientas, solo transpórtate
y que todo se vuelva uno, en dos y en tres con nuestro lazo.
Por gana, has entrado en este juego y por gana, cambiaste
las reglas que tú misma ponías. No hablo de un universo, te hablo de dos
universos creando un tercero. Me acerco, no vamos, háblame del viento. Me acerco,
nos vamos y ahora quiero que me hables del agua y de tu vida. Nos vamos, te
cuido, descuidas y terminas el momento. Te cuido y nos vamos, solo deja que el
alimento nos haga ser quienes nos debemos juntar.
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